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Felicidad

El ensayo de la muerte, mis agradecimientos

He sentido como que moría, derramé lágrimas en alguna despedida, sentía que era un funeral de cuerpo presente, el adiós siempre duele, aunque quede el cliché de “no es un adiós, es un hasta pronto”, nunca se sabe. El único adiós definitivo es la muerte. La muerte entristece, el adiós también. De la muerte no hay retorno, del adiós, a veces.

Quiero aprovechar estas líneas para decirle algo a esas personas con quienes construimos un vínculo durante estos años, a las personas que para mí son muy especiales, que tal vez, con unas teclas de por medio, sea más fácil expresarme, sabiendo que puedo re leer lo que escribo. Espero poder expresar esos sentimientos en palabras. Algo prácticamente imposible, pues como menciono en Consumerología (tenía que venir el libro), las palabras son mucho más nuevas que el cerebro emocional. Sin embargo, lo intentaré.

A mis amigos:

Es momento de hacer maletas nuevamente, solo que en esta ocasión hay dos cosas distintas: la primera, es que no hay fecha de retorno, ya me había ido algunas veces del país pero siempre quedaba la esperanza que da el tiempo, el hasta pronto con fecha de caducidad, aunque sea imaginario. La segunda, es que ahora llevo en las maletas un mundo nuevo de recuerdos y momentos especiales que compartí con ustedes, a los cuales espero volver para sentir esa sensación de vida que da la nostalgia, ese vistazo hacia el pasado que nos hace construir el presente.

Como cita Cercas a Flaubert “el pasado es una dimensión del presente”, con eso me quiero quedar, con ese pasado que sigue siendo mi presente. Con ese pasado que me ha construido hasta hoy, y con ese presente que me seguirá construyendo hasta que esto termine, hasta que llegue la muerte, pues por fortuna, esto es solo un ensayo de la muerte. El irse es a veces morirse, por lo menos es morir un poco cada día, porque ¿qué sentido tendría la vida sin la muerte?, ¿qué sentido tendría esta vida sin recordar los momentos que hemos compartido?, ninguno.

Mis amigos, con lágrimas en los ojos les digo adiós, pero con un corazón agradecido por tanto cariño, como lo he dicho, inmerecido. Lo único que me queda es decirles que cuentan conmigo, como ya lo dijo Benedetti, en “hagamos un trato” no contar hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo.

Como digo a Luisita y Montserrat, miedo de alejarme por un tiempo no tengo, miedo tendría de estar con ustedes y no quererlas. Aunque tal vez esté parafraseando a alguien que citó a Schopenhauer, “infelicidad no es no tenerlo y desearlo, sino tenerlo y no desearlo”, que sentido me hacen esas palabras ahora.

Siempre estaré agradecido con Dios y con la vida, por la fortuna, el honor y la suerte de haberlos conocido, de haber coincidido en este episodio de la vida que fue especial para cada uno a su manera. De alguna forma los llevo conmigo, de ser así, solo quiero que ese pasado, siga siendo parte de mi presente, hasta que la memoria me lo permita, o hasta que lleguemos a encontrarnos nuevamente, y darnos ese abrazo cálido, del que por el momento, guardaré las ganas de hacerlo.

Quisiera detener el tiempo para estar con ustedes otro momento, como en esa película en donde con un control se pueden detener los instantes, sin embargo, me doy cuenta que no, que el tiempo sigue y la vida también. Logramos apreciar la vida porque sentimos el pasar del tiempo. Si es así, que corra el tiempo, y ya será hora de volvernos a re encontrar. No sé si nos veremos en pocos días, meses o años, sin embargo, estoy seguro que volveremos a re encontrarnos, por lo menos en la memoria y en esos recuerdos a los que siempre podremos acudir, y nos recordarán que la vida ha valido la pena por el “simple” hecho de habernos conocido.

Empaco la esperanza de ese futuro incierto que construimos cada día, con las decisiones y pasos que tomamos. Me tiemblan las piernas pero el temblor no impide que camine hacia otra dirección, hacia una nueva oportunidad, siempre apoyado en ustedes amigos. ¿Por qué somos amigos? Solo se me ocurre citar a Montaigne: “En la amistad de que yo hablo, se mezclan y confunden entre sí con una mixtura tan completa, que borran y no vuelven a encontrar ya la costura que las ha unido. Si me instan a decir por qué le quería, siento que no puede expresarse más que respondiendo: porque era él, porque era yo” (I,27,250). Por eso los quiero, porque son ustedes, porque soy yo, y juntos hemos construido esto maravilloso llamado amistad. ¡Gracias por todo eso!

Los quiero mucho, y ahora sí ¡hasta pronto!

Por: Mario Rolando Paredes Escobar

Fecha: 18 de Abril de 2019

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